Que Impaciente !

La primera vez que monte una bicicleta fue a la edad de  7 años. Digo que fue mi primera vez, porque lo del triciclo no cuenta!!. Me moría de ganas de tener una  para poder pasear por el parque, y claro estaba, que ya tenía la edad de sobra para que me la compraran.  

Es más, yo les decía a mis amiguitos que no podía creer que a mi edad mis padres todavía no me la hubiesen dado, sobre todo porque el verano estaba a la vuelta de la esquina.

Recuerdo que a menudo (y muy a menudo) le  decía  a mi padre: ¡Papa, Papa, ya  llega el verano y todavía no me tengo  una bici!, a  lo que él siempre me respondía “paciencia hijo, paciencia, que pronto te compraremos una”. Paciencia… no creo que a esa edad haya tenido mucho de eso. Jajajajaja.

En fin, llego el verano y con él,  la  visita de  mis abuelos.  Me alegró mucho verlos de nuevo, aunque me sentía muy triste porque seguía sin tener mi bici.  Lo que no sabía  era, que dentro de una de sus maletas estaba escondido lo que más quería en el mundo.

Se paciente, que el universo te dara lo que has estado buscando…

RR

Después de la bienvenida, los abrazos, y las charlas que siempre tenemos para ponernos al día, luego de estar mucho tiempo sin vernos, mi  abuelo me encargo la laboriosa tarea de abrir las maletas, diciéndome que  él estaba muy cansado y que quien sabe,  quizás podría encontrar algo en ellas que me gustara. No podía imaginar que pudiera encontrar que deseara más que mi bici.  

Comencé con ellas, al abrir la segunda maleta, vi muchas  piezas de metal color naranja y negro y debajo de ellas dos grandes ruedas. Me quede con…ge…la…do… , era mi BICI!!. Todos comenzaron a reír al escuchar mis gritos de felicidad. Mis ojos no podían creerlo. Esto si fue una sorpresa!.

En seguida, luego de agradecer a mis súper abuelos por habérmela traído, corrí junto a mi padre, para pedirle que me la armara de una vez, ya que no podía esperar un segundo más para verla ensamblada. En ese mismo momento, cogió las herramientas y nos pusimos manos a la obra. Entre los dos pudimos armarla, yo por supuesto era su ayudante y fue realmente genial poder trabajar junto a mi padre y armar con nuestras propias manos la bicicleta. Fue súper divertido y me gustó muchísimo.

Y así, poco a poco, ante mí,  fue apareciendo lo que se convirtiera en la más extraordinaria bici que jamás había visto en mi vida.  De marca  Jeep, color  naranja con negro, con unos neumáticos gruesos, para todo terreno. Solo al verla supe que la habían hecho para mí.  Definitivamente  todo lo que espere, realmente  valió la pena.

Solo quedaba un pequeño detalle… no sabía montarla….

Una vez mas venia mi padre al rescate, como cuando monte a caballo por primera vez.

Cerca de casa teníamos un parque, en donde  había  un paseo para caminar alrededor de una cancha de futbol y basketball,  ideal para principiantes. Allí fue donde  me llevo mi padre para enseñarme a montar bicicleta. Recuerdo que al sentarme en ella, el sujetaba el sillín mientras me decía “empieza a pedalear, que aquí estoy yo para sujetarte así que no te caerás. Las primeras veces tenía mucho miedo de caerme, y siempre le decía papa, papa, no me sueltes, que me caigo. Así estuvimos un buen rato. El me sujetaba y corría a mi lado mientras yo pedaleaba. Que emoción sentía, que alegría. Y sobre todo me sentía súper bien porque él estaba siempre a mi lado sujetándome para que no me cayera.

No paso mucho tiempo, cuando de repente sentí que andaba bastante bien e incluso un poco más rápido y más ligero,  lo que me pareció un poco raro, por lo que me di la vuelta y  me di cuenta que estaba solo,  mi padre me había soltado!!!,   me veía un poco más atrás sonriendo de oreja a oreja  muy alegre.  Estaba rodando solo !!!. Del susto perdí el equilibrio y casi caigo, pero lo supere en segundos. En ese momento comenzaron los aplausos y los gritos de alegría de mis padres.

El miedo que sientes al principio por caerte, se va bastante pronto y lo sustituye una sensación de libertad. Un sentimiento de  que puedes hacer muchas cosas más. Y más aún la alegría que sientes cuando ves que tú papa se siente muy orgulloso de ti por tus logros.

Que pasada de verano y que sensación tan maravillosa. De ahí en adelante no hubo un día, en el   en que no quisiera ir corriendo al parque, para montar mi bici y hacer unas cuantas carreras, como  también unas cuantas caídas, lo que es normal. Como dice mi padre “ Para aprender, tienes que caerte muchas veces, pararte de nuevo e intentar otra vez!”.

Puedo decir que utilice esa bici por varios años, hasta que, a mi pesar, ya no soporto más el tamaño de mi cuerpo y no pude usarla más. Siempre estará entre mis mejores recuerdos la grandiosa bici naranja.

Mi historia es para  todos los padres que apoyan a sus hijos, que están ahí con ellos y para ellos, en todas sus primeras veces, en cualquier cosa en la que se aventuren.  Porque es importantísimo  sentirse apoyado y que te den ánimos, para atrevernos a hacer las cosas por primera vez, donde siempre hay mucho miedo, incertidumbre y muchas veces poca confianza en sentir que somos capaces de poder hacerlo. Son  estos momentos, los que siempre atesoraras en tu corazón.  La recompensa más grande, aparte de darte cuenta de que si fuiste capaz de hacerlo, es voltear tu mirada, ver a lo lejos a tu padre sonriendo y sintiéndose orgulloso de ti.

Categorías: DEPORTES

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